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May '26

Dónde nace Lunanativa

Entre la luna, mi madre y el telar

Soy Enma Sánchez y esta es la historia de Lunanativa, una marca de artesanía contemporánea con enfoque sostenible, inspirada en el tejido y el trabajo de las mujeres artesanas del Perú.

Lunanativa no empezó como una marca.
Empezó mucho antes, en mi infancia, en un lugar llamado Tazo Grande. Ahí crecí, rodeada de río, montaña y familia. Recuerdo las mañanas en el río Monzón con mis padres y hermanos, las balsas al amanecer con mi papá y el sol cayendo sobre las montañas. Recuerdo el olor del café que mi mamá tostaba en casa y las flores que sembraba en nuestro jardín. Le gustaban las rosas y muchas otras flores cuyos nombres hoy no recuerdo, pero que llenaban de color nuestro hogar.

También recuerdo los caminos del pueblo, donde crecían azucenas y heliconias de forma silvestre. Caminaba entre ellas, observándolas, como parte del paisaje que me acompañaba cada día. Pero, sobre todo, recuerdo a mi mamá. Mercedes Alendro.

Crecí viéndola tejer a palitos y a crochet. Sus manos hábiles no sólo creaban prendas que nos abrigaban en los días fríos, sino también colchas, tapetes y cojines que llenaban nuestro hogar. En tiempos difíciles —durante la violencia de los años 90, cuando perdimos a mi papá, cuando tuvimos que dejar nuestro pueblo y más adelante cuando enfrentó el cáncer— el tejido fue su refugio, su forma de sostenerse y de sostenernos.

Ella sembraba algodón en nuestra huerta. Algodón marrón que luego hilaba con paciencia. Con ese hilo tejía nuestras prendas. Yo la acompañaba: elegía detalles, pequeñas flores en crochet que colocábamos en las mangas o en el cuello. Sin darnos cuenta, trabajábamos juntas. Éramos un equipo.

Recuerdo especialmente una manta grande que ella tejió. Un día la coloqué en la sala. Cuando la vio, se emocionó. No solo porque se veía bonita, sino porque sintió que su trabajo era valorado. Ese momento se quedó conmigo.

También recuerdo las noches de luna llena. El cerro iluminado, los juegos con otros niños, los cuentos que mi mamá nos contaba. Había una calma especial. Mirar la luna era sentir que el tiempo se detenía.

El origen de Lunanativa y el encuentro con las artesanas

Años después, mi vida profesional me llevó a recorrer el Perú profundo. Viajé por carretera y por los ríos de la selva, y en ese camino encontré y conocí mujeres artesanas de comunidades nativas que, con herramientas simples —sus manos, pequeños palitos y su memoria— crean piezas textiles que reflejan su cosmovisión, su historia y su conexión con la naturaleza. Las vi tejiendo cushmas, tsaratos y otros objetos que no solo cumplen una función, sino que cuentan historias. En ellas reconocí la misma habilidad, dedicación y fuerza que había visto en mi madre. En 2018, mi mamá partió a la eternidad. Y con su partida, quedó en mí una idea que había estado creciendo en silencio: continuar de alguna forma lo que ella había iniciado.

El legado de mi madre y el arte  de las mujeres de los pueblos originarios sembraron la semilla de Lunanativa en mi corazón. 

Artesanía contemporánea: del telar de cintura al diseño actual

Empecé con carteras porque entendí que los tejidos en telar de cintura podían dialogar con el presente. Que podían integrarse en piezas contemporáneas, funcionales y elegantes, sin perder su esencia. Así nació una propuesta que une artesanía, diseño contemporáneo y sostenibilidad. Este camino inició con una miniproducción denominada Atardecer, un homenaje al cielo amazónico y a las culturas asháninka y nomatsigenga. El color naranja simboliza identidad, energía y vida. Cada pieza fue elaborada con telas tejidas por mujeres artesanas de Boca Capirushari, San Ramón de Pangoa y Vista Alegre, en Junín. Continuamos con la colección lunabrisa, inspirada en el movimiento suave del viento.

Lunanativa hoy: moda sostenible con identidad

Hoy, Lunanativa trabaja junto a mujeres artesanas, integrando técnicas como el telar de cintura en piezas contemporáneas pensadas para la vida cotidiana: para el trabajo, la ciudad, los viajes y los momentos especiales. Más allá del producto, hay algo que permanece: el valor del trabajo hecho a mano, la historia detrás de cada pieza y el vínculo con quienes la crean. Lunanativa es también un espacio donde se cruzan dos mundos: mi historia personal y la historia de muchas mujeres que, como mi madre, han tejido no solo por tradición, sino también por sostener a sus familias.

Para mí, Lunanativa significa «la luz que alumbra nuestros orígenes». Es una forma de volver a mi mamá, a mi pueblo, a la luna y a todas las mujeres que, con sus manos, sostienen la memoria, la cultura y la vida.

Porque hay historias que no terminan, solo encuentran nuevas formas de seguir presentes.

¿Quieres ser parte de esta historia? Descubre nuestras piezas en http://www.lunanativa.pe/

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